Dolo

Eran la directora de una Casa de Mujeres (la de Badajoz), y la directora responsable máxima (aunque insistió en definir la importancia de la conjunción indispensable de una labor en equipo) de la Junta (de Extremadura) en lo social y en la mujer.

Era una sala, salón de actos, en la casa de la cultura.

Era en la butaca tapizada en rojo.

Era la escucha de un relatar con voz quebrada.

Una mujer en la mesa del Instituto Forense. Deformada por aquello que físicamente la destruyó. Otra mujer ha de mirarla y “reconocerla”. En el mirarla, un grito y un golpe sordo de cuerpo contra suelo.

Una mujer en la mesa de un médico forense deformada y cadáver. Otra mujer con el cráneo deforme por el golpe contra suelo, y en pie.

Narraban la experiencia vivida, el intento de ayudar a la mujer con vida que presentaba el bulto físico de un golpe. El médico no se dejó quedar en la superficie abultada, se supo incapaz de calmar el dolor. Narraban la experiencia vivida, con la voz quebrada. En un salón de actos. En la butaca tapizada de rojo, la escucha dibujaba. Las palabras oídas hablaban una segunda voz interior que iba perfilando el esbozo. Imaginando frases que se escribían en palabras, guía interna que va dirigiendo el trazo del lápiz. Eso será después, ahí, en la butaca tapizada en rojo, cuerpo quieto y mirada atenta. Oídos recogiendo y voz callada anotando apuntes para el lápiz y la hoja en blanco.

Imaginé que caminábamos, todos, heridos y mutilados, deformes y abultados, cada uno su o sus hematomas, como espacios que el cuerpo concede a un volumen de dolor que no es capaz de contener de un sólo trago. Deformidades que el organismo va asimilando, que se hacen ver en un aspecto físico porque no hay cabida para tanto, porque el cuerpo no puede esconderlo ni asumirlo en un paso.

Imaginé la cabeza de esa mujer en pie, tras el golpe sordo contra el suelo que siguió al grito oído a distancia. Un grito de romperse y un golpe de hacerse contenedor. Dentro del bulto, una imagen. Reconocer el cuerpo de una mujer, su hija, sobre una mesa, deforme por aquello que la destruyó físicamente, cadáver. Esa imagen, recuerdo en la cabeza de la mujer viva que precisa tiempo para permeabilizarla y que se haga parte de ella. Imagen que rompe el cristalino que la enfoca y se queda, muda, recogida en un bulto en la cabeza. El dolor. Pensé. Gráfico. Pensé. Imaginé las cicatrices y las torceduras, los huesos rotos y los órganos disfuncionales. Contenedores de dolor haciendo tiempo al cuerpo a asimilarlos.

Dibujarlo, exterioriza. Y fotografiarlo, ubica. Ambas acciones, hablar callado.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

*anexo

Elisa Barrientos, Directora General del Instituto de la Mujer en Extremadura.

Marilé Calvo, Directora de la Casa de la Mujer en Badajoz.

No escribir sus nombres al principio, expresar qué para colocar la situación. Acción que pretende ser un aunar en esa labor de conjunción indispensable que nos hace personas. Ellas, la mujer que permanecía en la mesa del forense y la mujer que gritó su cuerpo, también son nombre, pero en el desconocerlo, no poner los de Elisa Barrientos y Marilé Calvo, es unirlas en la historia que narraron con voz quebrada, unas gargantas que guardan un espacio para asimilar esa experiencia vivida.

Mencionarlas ahora, fuera de contexto ‘narrativo’, es darles forma a ellas y a lo que hacen. Y una señal de respeto, para ellas cuatro y para todos nosotros. Y nuestros bultos deformes.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s