Deleitosa. Parte3. Me Toca

[Agárrense que! Jeje Aclarar algo, el final, mi principio, recuerda, ocupa físicamente mucho. Mucho, en este escribir y enseñarte aquí. Pero es porque en las anteriores partes, sus partes son ya enlaces para él y ellos, a su contarte. Este final, es una porción, en realidad la más chiquitita, aunque parezca que abulta más.]

Es viernes y hay mercadillo. Las señales dirigen la conducción hacia la Iglesia San Juan Evangelista. Aparco. Así, recibe en Deleitosa, un viernes de Julio, mediodía, mirar a lo alto y ver incrustado en la piedra de los muros el reloj solar que ratifica que es mediodía y el Sol está.

Rodeas la Iglesia con la vista puesta en sus curvas, todas dentro de la linealidad y jugando con los recodos. Se escribe en piedra la hora y la fecha.

Entro, una puerta abierta. El frescor de la estructura en el interior de la roca.

Reanudando el paseo, el primer letrero de calle que leo es Picasso, calle perpendicular a uno de los laterales de la Iglesia San Juan Evangelista.

*Nota: En el documentarme posterior, supe que Smith estuvo en Gernika como primer lugar de la España a fotografiar. Imagina mi sorpresa doble! Picasso, Gernika…

Prosigo caminando tranquilamente, mirando calles, casas, sus fachadas, las líneas que dan sombra en uno de los lados mientras en el otro, el Sol calienta propio de hora y altura de mes.

Atravieso la plaza donde se ubica el ayuntamiento, el edificio nuevo, anteriormente se encontraba en la Pza. de España, donde ahora tienen su puesto los vendedores ambulantes que justo es viernes y es para ellos.

Tomo una callecita a mano izquierda que baja hacia la piscina y el centro de salud. El número 17 está a la sombra. Es una casa con dos bancos de hierro enclavados en la acera,  pero opto por sentarme en el “pollo” (pollete, especie de banco que sale de la propia fachada de las casas) porque resulta cómodo y fresquito apoyar en el azulejo frío. Un señor, en el número15, se afana en la construcción de un garaje. El 15 y el 17, la niña bonita que el hombre engalana con una nueva construcción, y la casa que la sigue, donde me siento a decansar, están separadas por la calle Ortega y Gasset. Pienso en el nombre de la calle mientras miro el dibujo de Cine y el sol dando en la casa frente a mí.

Retomo el uso de las piernas, un rodeo un poco bobo, pero con buen fin, me hace conocer la Biblioteca. Edificio con la puerta abierta que muestra en las paredes de cristal de su interior las actividades de quienes se adentran. Y en la esquina que es, subo la calle que desemboca en la Pza. España, presidida por el Rollo. Una lectura diagonal de haber llegado a él desde la Biblioteca.

Aquí pasaré mucho rato. Con el Rollo centro y el horizonte. Fotografiando poco, escuchando mucho.

Escuchar el recoger de los vendedores que ya marchan. Escuchar el trino de los pajarillos. Escuchar los juegos de los niños (me crucé con ellos cuando bajaba hacia Ortega y Gasset, dos hermanos, antes ella se abanicaba y él saltaba. Ahora ella se columpia y él le lanza avioncitos de papel). Escuchar las herramientas de trabajo de Roberto, y su hacer. Dejar limpia la plaza después de la visita de trabajo de los vendedores.

Cambiaré el aparcamiento recomendada por Solote, tiendita donde abastecer del pan del pueblo con el buen ánimo de su propietario. “Allí le dará la sombra al coche, bajo los árboles del parque” y yo le hago caso, y bien hecho! Campamento móvil trasladado a la sombra. Que no esté recalentado para cuando, siguiendo también sus amables indicaciones, sea momento de visitar la ermita.

Del escuchar, aun sin fotografiar, puedo contarte tanto! Escuchar que Roberto concluye su faena. Pero escucharle ahora en una compañía amistosa que te enseña.

Tenía el deseo de poder contarle a mi amiga el motivo del nombre Deleitosa, y él me lo contó. Ahora sabemos que tiene una historia bonita, en el qué y en el cómo. Deleitosa era Delitosa por albergar un penal. Penal para los que cumplían delitos. Los que cumplían delitos eran castigados en el Rollo, el monumento que preside la plaza donde me está narrando la historia. Allí, en lo alto, colgando, imagino que el castigo de ver ese horizonte libre duplicaba el castigo, físico y no físico. Así, la maravilla de la lingüística en la comunicación y como herramienta humana, hace que los lugareños decidan volver del revés la historia que puede llevar un nombre, añaden una “e” y el delito se transforma en deleite, y el Rollo no engaña, porque el horizonte libre deleita, y así, DelEitosa.

Roberto me habla de Longina, porque la cámara delata (delito delatando!). Ella es quien guarda las llaves del museo Eugene Smith. Sé que la Iglesia data del siglo XV por su contarme. Me sonrío, y le digo, que tiene su punto curioso que, en la misma plaza donde conversamos, además del monumento, hay colocado un puesto de información. Mapa de “usted está aquí” y los lugares importantes. Pero que yo, estoy teniendo la mejor fuente puesto informativo, junto al Rollo, en la plaza donde además, se conserva parte de la fuente a la que acudían a abastecerse de agua las gentes del pueblo antes de que existiera allí el agua corriente en los hogares. Fuente que sigue dando su agua. Agua que viene directa de las alturas, la sierra.

Al rato, después de haberme dedicado este maravilloso tiempo mientras trabaja, cuando acaba y en el pequeño intervalo libre antes de continuar con más actividades que tiene programadas, ya sola escuchando a los pajarillos, es la propia Longina la que me comunica que el museo cerró, pero! Que hay un lugar donde puedo ver fotografías de Smith. “En Casa Agustín, te tomas un café y allí ves de paso”. Sigo sus indicaciones y resulta que ya había pasado por Casa Agustín, pero su nombre, como negocio, es “El Buenvarón, Spanish Village”. La camarera de CasaPepe me corrige de mi desconocimiento y me invita a conocerle.

*Nota.- Luego supe que Buenvarón es apellido, nace en Deleitosa. Su señora lo viste como apellido, y además, un buenvarón a su lado. Agustín.

Un lugar fresco. Unas personas de trato agradable (más que agradable, hogareño, respetuoso y amable). Un café. Pasar horas escuchando hablarte de fotografía, sociología, historia, la suma de todo. Del antes y el después, del ahora, de un futuro que ilumina los ojos de Agustín, tanto como los emociona hablar de lo que ha vivido y visto en Deleitosa. Cada enlace que procuré encontrar para colocar en Deleitosa parte1, forma parte del todo que encontré en su conversación. Agustín comenta que como yo, pasamos por allí mucha gente queriendo conocer en persona lo que conocían a través del trabajo de Smith. No le mentí, reconocí que no me había documentado. Esta indocumentada ignorante llegó a Deleitosa por los impulsos, pulsiones. Es buen momento esta altura de contarte para explicar: En el placer de conducir, uno de los placeres que lo forman es la curiosidad que generan cosas que ves en la carretera. Deleitosa está en la carretera que une Extremadura-Madrid. En las subidas hechas, su nombre en cartel había despertado pulsión. La segunda, que no es segunda ni  primera porque se solapan, nace del impulso recibido a través de mi amiga Mon. “He visto este reportaje y pensé en ti”, zas! Enamoré de las imágenes ya predispuesta al amor por el que ella puso en el enseñarme. Pero la verdad es que nada sabía de Deleitosa más que unas frases que no esbozaran si quiera demasiado. Prefería así. Virgen de, acudir y aprender en.

Agustín habla de las personas que acompañan las paredes del local que regenta, en blanco y negro, con pies de foto en inglés y castellano; habla de ellos con sus nombres, lo poco que pueda conocer de la deriva vital que hubieran tenido, la recuerda. Esas personas en blanco y negro y paradas en el tiempo al ojo de Smith, en su casa, de sus labios, siguen viviendo, toman color, algunos se ajaron de una manera y otros de otra; Agustín vivió esa evolución y ahora, sigue ahí para contarla. Con él conocí a Josefa, belleza que es persona en una foto homenaje a Greco realizada por Smith, ella asiste al velatorio de un hombre. Smith hace un click de cámara que Stendhal lo recogería para ilustrar. Con Agustín aprendí una cosa que crees que la sabes pero que es inherente a nosotros, tanto, que la damos por sabida y a la vez, siempre nos sorprende. Y es cómo todo puede tener infinitud de lecturas. Lo que una imagen puede ser para uno, a la vez puede ser el extremo opuesto para otro. Carmelo Pinto y Jesús de Miguel escriben sobre ello, porque es sociología, porque es imagen y es estudio de lo humano, tanto lo pasado como lo que repercute, entonces, y después.

Se apena Agustín de cuánto hay que no se ofrece a quienes, como yo, pasan por allí. Cierto que el museo cerró. El coste de mantenerlo, rehabilitar zonas, la crisis… confluyó en que dejara de fluir la ilusión de una historia que seguir mostrando. Narrar la historia que Smith fotografió, las diferentes visiones que de ella hubo, la controversia, los síes y los noes, todo son datos y más que datos, porque mantiene vivo el proceso propio de historia. Hablarlo, escucharlo, mirarlo, se torna a color, como sucede cuando Agustín señala una foto, en ella un elemento, en el elemento una persona, en la persona una historia personal, en el momento de la fotografía y posteriormente.

El régimen censuró el trabajo de Smith. El convencimiento de que su intención era negativa, como muchos tipos de convencimientos, que tienden a un tapar y ocultar, a veces tienen una prolongación temporal mucho más duradera que la vida de una régimen. Esto se ilustra en una anécdota con Agustín de las muchas y todas nutritivas que sucedieron. Agustín pidió que los pies de foto redactados por Smith se tradujeran. Así, Lutier recoge excrementos que usarán como fertilizantes, en algunas memorias se perpetúa como una imagen que dice que se comían los excrementos de los animales. Y se pasa, quizás, palabras preciosas que usa Smith como hablar de un burro que, en el que sorprendió tanto el trabajo de una persona igualándose a una de las bestias que dirige en el arado, una de ellas era un animal prestado. Las gentes del pueblo, endurecidas en las faenas del laboreo y la vida, se prestaban (escrito por Smith) las bestias, como se ofrecían en mano de obra si un aldeano caía enfermo en plena cosecha, no dejarle perder lo poco que hubiera fruto de los enormes esfuerzos (que tal vez le hubieran hecho enfermar).

Recordé una frase escrita en el libro “Visto y no visto”, de Peter Burke. Cuando leas historia, procura saber del historiador. El tema es que versiones y opiniones, vivas dan vida, son en sí mismas fruto y proceso. Ahí el libro azul, Sociología Visual.

No sé cómo agradecer a Agustín todo cuanto ofreció en la tarde. Además del mejor de los cobijos a las horas y en pleno mes de Julio. Cuánto. Cuánto.

Ojalá se haga posible que esa ilusión y esa implicación que tiene, se pueda materializar en algo que todo el pueblo, como pueblo, tenga para dar a quienes se animen a acercarse. Un rinconcito en el entorno natural de Extremadura, que es una especie de paréntesis entre biología y biología, apartado biología social, cultural. Conozco a Juan Pedro, actual alcalde, mientras fotografío una especie de imagen onírica, un sueño, como el que ellos dos comparten. Ojalá se cumpla.

Sigo su consejo y visito lo actual de lo visto en fotos, aquella parte que en su momento ilustraban mujeres trillando. Centro de salud, piscina, viviendas de nueva construcción. Imágenes.

Me llama la atención que, normalmente hay la señal natural de cipreses anunciando cementerio. Yo  los busco, al menos. Y no. Visito el cementerio. Respeto a ese lugar y a que, ahora, Agustín ha puesto nombre y vida. Y es que leo sus apellidos desde fuera. Y por eso, quiere el Sol acompañar bonito en la construcción de esta imagen de la casa.

Subir la calle Camilo  José Cela, de nuevo dirección interior del pueblo, es darse de bruces con un flechazo. Curioseando por los huecos, sé que las aves en su interior disfrutan de un corral de lujo! Esas piedras, esa parra (tomé uno de sus filamentos para chuparlo, algo que hice desde niña, criada en lo alto de una parra que daba sombra a la planta (vivienda) de abajo.

Agustín me había contado que era costumbre que las parras dieran sombra en los pollos donde la gente salía a sentarse en (en con toda la acepción de en) la fachada de sus casas. Que hubo una normativa que obligó a retirarla. Hay normas que… Bueno, esta parra sabe rica y cobija a un grupo muy salao.

Con el filamento de parra en la boca, y una sonrisa, accedo más que encantadaagradecida a la petición del único retrato persona. De fondo, plantas ornamentando fachada (si es que hay que buscarse el ingenio para desdecir normas absurdas a veces, claro que sí!). Ya en la pantalla del ordenador, mirando las fotos, emocionada con él… se agranda. Crece la emoción a la par que el zoom. Miro esas venas de brazos de tiempo. Y no puedo menos que sumar más agradecimiento. Él se hace raíz en sus brazos del fondo que estaba allí para el click de estos ojos.

Va siendo hora de marchar hacia la ermita. Recuerdo que Agustín me ha contado cómo Carmelo Pinto falleció aquejado de complicaciones en efecto dominó de una enfermedad. Una diabetes hizo que perdiera las piernas. Me miro y recordando esta frase, le traigo al pensamiento. Mis piernas van a subir al siguiente destino ahora ya sabiendo de él y de lo que inició como estudio en unión de tres universidades.

Quiere el azar que la entrada a la localidad y la entrada al camino que lleva a la ermita tengan formas similares.

Esta subida es deleite visual. Como lo es llegar. Como lo es quedar y mirar. Como lo es bajar.

Como lo es esperar a que el tiempo vaya pasando ahí, quieta, en el mismo punto. El tiempo pasa, los minutos, se hace notar en el cambio de luz.

Recompensa: este cierre de viaje que empezó con un reloj solar enmarcado en piedra y acaba, con la luna y el marco natural de Deleitosa.

 

Las imágenes de cabecera son colorines, enseñó su nombre Lobo. Colorín colorado… respondí yo, complicidad bien recibida.

Notas.-

*Hay limpiezas que se efectúan donde no se ve. Conocí a Lobo en su tarea de limpiar la plaza. Limpió una espinita clavada también. Los vencejos son aves nacidas para volar. Viven volando. Una caída y, sin impulso como ayuda, no podrán levantar. Ver a un pájaro reptar apoyándose en sus alas, enormes en proporción al cuerpo, es una visión nada cómica. Esto sucedió así, se me cruzó en la calzada justo cuando me iba. Paré el coche y él seguía reptando bajo el vehículo, buscando esconderse en los que estaban aparcados. Gracias, Lobo, por ser impulso para ese pajarillo y limpiarme unas risas ajenas que quedaron sucias en mi memoria.

** Hay reflejos de joya que tampoco se ven a simple vista. Quisiera expresar a modo de cuento. Imaginándome vaso, lo que veo y lo que me enseñan en el contarme ese día es el agua que vierte en él. Bien, en el vaso que soy, al contacto con el agua que vierten en mí, ofrecen preciosos destellos los reflejos de los amigos que son mis joyas. Así, cuando me hablaba Agustín de Barcelona y Madrid, como ciudades y con nombres de desconocidos, en su hacer, aparecían en mí los nombres y los rostros y el hacer de amigos (amplitud del término, personas a las que quiero)  que allí tengo. Cuando me habla del proceso migratorio de las gentes del pueblo, menciona Vitoria Gasteiz como destino elegido. Familias que ahora viajan a Deleitosa a pasar las vacaciones en el pueblo del que son origen. Origen. Un destello en el vaso que soy, una joya (amplitud en término, personas a las que quiero) que se descubre en el agua vertida. O cuando Lobo me explica que la fiesta del pueblo, el lunes después de semana santa, la llaman el Bollo, que es un fenómeno meteorológico que sucede en Euskadi, en la sierra. Destello joya en el vaso que soy. Joyas amigos (ampllitus en término, personas a las que quiero) que aparecen en el cristal cuando vierten esta agua en su interior. Alegre y saltarina cuando entre los niños que se me cruzan en el día se llaman Unai o Ander, y yo piso suelo Extremeño en lo duro de un verano. O cuando un bulldog  en la puerta a la que, a modo de excusa para dar otra vez las gracias camufladas, acudo a por refrigerio antes de emprender marcha, de nuevo me recuerda a la amiga (amplitud del término, personas a las que quiero)  que impulsó una de las pulsiones para estar ahí. Un destello joya en el vaso que soy.

Sirva pues para dar gracias al agua vertida y a las joyas que salen cuando entran en contacto, ellasellos y el agua, en este vaso que soy y que ellosellas y el agua hacen.

*** Puede que el viaje no sea el formato ortodoxo jeje, documentarse posterior ay! De nuevo sirve el ejemplo del vaso. Puede que llegara vacía de conocimiento, pero dejar constancia de que colma la sensación de haberse sentido cuidada, muy bien tratada y cuidada.

****No fotografié similar a la joven que acude al horno comunal, pero el pan de pueblo de Solote alimentó el estómago. Hubo un párroco en la época de Smith y otro en el retornar que tienen documento gráfico, yo sólo sé que el actual se llama José y utiliza educado el tablón de anuncios de la parroquia para comunicarse con los feligreses. Que el médico de la época Smith hacía incluso cirugías menores, cuando ahora el Centro de Salud depende de Navalmoral. Smith conoció a los cuatro maestros que enseñaban en el pueblo, frente a un colegio actual donde se cursa primaria. Secundaria en Trujillo. Pero fotografié la Biblioteca con actividades de críos en ella. Nada sabía apenas, si acaso un par de imágenes de referencia hermosas y la curiosidad encendida en las pulsiones. No iba a seguir la ruta ya realizada por el maestro Smith, pero sí que aparece y enseña, a través de él y de la vida en los habitantes ahora.

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