mirada(n)

Porque cuando se sucede que te topas con, la maravilla se ejecuta en expresarla.

Una imagen entre muchas, tiene extenso trabajo realizado. Extenso y delicioso en su totaalidad. Pero entonces se tira de tórax, donde se genera la pulsión que te repite ‘ahí’, en donde un hacer se descompone por ser. Sin más.

Phoebe Kiely tiene esa estrellita especial en el órgano ojo que compone y nos descompone a sus pies. Rendirse a ella es sí o sí. La tiene. Lo es. Lo hace en el hacer y en cómo todo lo necesario impacta desde los mínimos detalles que o son o no son, y son, ya lo creo.

De entre todas sus tomas, la pulsión lleva a ésta. Quizás es la que corrobora todo cuanto estás sintiendo al mirar una tras otra, en la delicia de estar placentero y turbador. Ese meneo rico de lo singular dentro de lo que no se llena de ruido y sin embargo es un grito a tus ojos. Sin más.

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Bien. A continuación y a modo de ilustración, unas capturas con el móvil de las que me disculpo, intentan ser gráfico de lo que explicar. Sean tomadas pues, como eso que te invito a hacer.

Huellas apenas perceptibles y sin embargo en primer término. Pies calzados apenas perceptibles en una esquina, casi reforzando el ‘aparecer’. Ahora tapa uno y descomponte. Ahora tapa otro, y descomponte. Porque se necesitan. Apenas perceptibles son elementos que se son y no sabes si se refuerzan el uno al otro pero! esquina superior ‘apareciendo’, término principal asomando en escasa sombra dentro del blanco, ‘apareciendo’. Maravilla.

Las líneas horizontales y verticales, dibujos en el lenguaje descrito con líneas blancas sobre el alquitrán negro, indicaciones de uso en un asfalto. Separados por elemento bloque central, cada uno en un margen de la imagen. Tapa uno y descomponte. Tapa otro, y descomponte.

Ahora, si nos salieran más manos (o no tubiera que usar una para hacer foto con el móvil), acariciaría tapando con las dos manos, en una especie de danza o masaje, descomponiéndome en el hecho de que las líneas dibujadas en la imagen total circulan siéndose equilibrio, se cruzan sin serse perpendiculares más que en el elemnto central, donde las sombras y el palo físico de una escoba recrean un cuadrante espacial que eleva el plano de una imagen. Pero es que sucede así con cada elemento de los mencionados. Las huellas horizontales, el paso calzado vertical. Complementándose en una presencia que, individualmente parecería despreciable. Y no lo son, ninguna, en absoluto.

Estrellita don en el órgano ojo de Phoebe.

Hasta se agradece que tengamos en el lenguaje una frase como ‘me pongo a sus pies’ que pareciera hecha para ella en esta toma suya. A sus pies, Phoebe Kiely. Y gracias por esta delicia entre todas las delicias que hace. Gracias por el alimento pulsión y el ejercicio de escuchar al tórax.

Phoebe Kiely, quizás, en otra siguiente entrada. Un dedo a chuperretear, y vaya rerrico dedo.

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